Nací en Santa Rosa (La Pampa). Dos cosas recuerdo de la infancia: los circos que armábamos con una amiga en gallineros y palomares, también poblados de caranchos, y otros animales guachos que traía mi papá del campo, donde nosotras éramos las domadoras y esos pobres animales aterrorizados eran nuestro público. La otra actividad favorita era leer “El Tesoro de la Juventud” que me conectaba con otros mundos, el “Libro de los por qué”, donde se medía lo inconmensurable con objetos reconocibles como la profundidad del océano con la Torre Eiffel, o las láminas con ilustraciones de vestidos populares de países que fueron borrados del mapa tras la 2ª Guerra Mundial. Todo esto mitigaba la monotonía y sequedad del contexto y me permitía volar.
Recuerdo la adolescencia esperando siempre al cartero que me entregaba los objetos, fotos y cartas que intercambiaba con gente como yo, o que recibía de artistas de Hollywood que me dedicaban sus fotos y de cosas de otros países, para recibir los cuales me pasaba la vida llenando cupones de revistas.
Crecí entre trapos, tijeras, modistas, sastres, bordadoras y tejedoras. Meterme en esos cajones y arcones de retazos y lanas ... chusmear en lo que parecía destinado al desecho ... sacar a escondidas los ‘ése-no’, apropiármelos para hacer algo que siempre era artesanalmente imperfecto y siempre inútil. Nunca consideré ‘artístico’ lo que hacía, ‘arte’ era poder dibujar con rigor fotográfico esas naturalezas muertas en el colegio, eternas frustraciones. Alternaba estas ‘manualidades’ con clases de teatro, de francés e inglés, cine y lecturas filosóficas.
Una beca a Skidmore Collage, en EEUU, a los 18 años cambió el rumbo de mi vida. Allá logré expandir mi mundo y unir la historia del arte, con la filosofía y la lingüística. Cuando volví, seguí con la lingüística, me recibí de traductora, viví siempre de ese trabajo alternando con la militancia política de los ’60 y ’70, hasta que nuevamente reapareció el arte como necesidad vital. Empecé mi formación por lo que tenía más a mano: el textil y el diseño con Luis Negrotti. Mi interés por las formas en el espacio me llevaron al taller de Enio Iommi y a incorporar la formación teórica en Arte Contemporáneo y Estética con Jorge López Anaya y Elena Oliveras, respectivamente. Luego incorporé la fotografía como soporte. Le debo a las clases de dibujo experimental con Pablo Siquier y Viviana Blanco haberme reconciliado con el dibujo y a las clínicas con Jorge Macchi el aprendizaje de privilegiar la economía de medios y de acciones como motores de mi trabajo. Siempre disfruto compartir las horas en un taller, actualmente en el de pintura con Leila Tschopp y Vivi Blanco.
Empleo distintos medios en la realización de mi obra (textiles, fotografía, video, objetos, instalaciones, intervenciones en el espacio público, poesía visual, libros de artista, etc.).
Obtuve entre otros el Gran Premio del Salón Nacional en 2001 (textil) y el 1º Premio del Salón Textil Bienal (municipal) Eduardo Sívori (2007), Premios Clamor Brzeska de Vórtice Argentina (2003 y 2004), etc.
Expongo regularmente en Argentina (CCR, La Casona de los Olivera, FM La Tribu, etc.) y he sido invitada a exponer en Brasil, Colombia, Chile, EEUU, Francia, Islandia, Hungría, Luxemburgo, Noruega, Polonia, Uruguay. Me interesan los colectivos artísticos, el arte en sus formas ‘extra-artísticas’ y promuevo toda acción de autogestión artística.






