Martín Legón: visión del arte
1. Elija una obra que lo/la represente, descríbala haciendo referencia a su formato y materialidad, su relación con el tiempo y el espacio, su estilo y su temática; detalle su proceso de producción
Trabajo por series, eso es elemental en mi trabajo, algunas sólo tienen una sola obra (como la Gold Version, versiones doradas de toda otra serie) y cada una varía bastante de la otra, como si fueran discos muy distintos de un mismo músico; por eso se me hace difícil describir con una obra toda una producción, pero puedo describir los rasgos comunes o puntos que me interesan tratar cuando pienso en mi obra. Con el tiempo entendí que todo giraba en torno a la decadencia. Desde los materiales, desde lo que se cuenta, y desde cómo se cuenta. En especial, una decadencia pos noventa. La última serie que pinté es la de "Abril es el mes más cruel" y gira en torno a la decadencia del amor. Trabajo con temperas muy lavadas, con crayones, con materiales escolares.
Al margen del excesivo carácter narrativo que tienen los cuadros (una latencia cinematográfica donde se suceden persecuciones paranoicas, lugares abandonados, bichos gigantes; no suele haber perspectivas, no suele haber futuro para los personajes, todo queda congelado en ese instante) me interesa también hacer hincapié en algunos aspectos sociológicos, aspectos del mercado en general, reflexiones sobre lo que rodea a una identidad, ya sea particular o colectiva; en este punto es importante aclarar que los títulos funcionan como anclajes que resignifican las obras, dándoles nuevas lecturas o nuevas formas de interpretación. Me gustan las repeticiones y las reinterpretaciones de otras obras, alcanzan todas las crucifixiones y los vía crucis de la historia del arte para dar cuenta de las formas de representación de cada época. Estudiar como cada uno va modificando lentamente el canon; pienso en la teoría de los rendimientos decrecientes de Aira, pero aplicado a la pintura misma, y al trabajo personal de uno. La mayoría de los que estamos en esta revista somos un segundo pelotón de combate que probablemente muera en el campo sin llegar al frente de batalla, una fuerza de choque planificada que está manteniendo de forma consciente algún tipo de canon, somos los obreros de un canon que está por venir. Hace unas semanas discutía con un amigo, y llegábamos a una misma conclusión: que si tuvieran que salvarse sólo mil personas para sobrevivir a una catástrofe mundial, entre ellos no habría ningún artista. Porque la humanidad, para rehacerse en el caso de que se pueda, puede prescindir de ellos y no así de la matemática, la física, la química. El arte contemporáneo es como un ouroboros, una reversión constante de su propia historia, y muere ahí, con su historia.
Robo mucho de todos lados. Pienso siempre en el primer punk o en las baladas de los cincuenta, como con cuatro notas pudieron hacer canciones tan lindas. Me gustan las cosas básicas, y sin demasiado trabajo, que obviamente no es lo mismo. Inclusive si uno no es sincero, la obra sí suele serlo, porque da cuenta de lo “chanta” que puede ser un artista, si uno es “chanta”, ladrón, etc, lo único que puede salvarlo es que eso esté en la obra. Creo que el problema en general es no reconocerlo, o mentir más de lo que se puede. En síntesis, creo que mi obra puede ser leída con un dejo de ironía, con otro de vagancia, ociosa desde ya. Cuando empecé busqué hacer cosas feas, una lucha consciente contra lo meramente decorativo. Quería hacer obras que no pudieran ser colgadas por su fealdad. Me estaba engañando a mí mismo porque más tarde descubrí cosas realmente feas donde no había nada de nada. Prefiero pensar entonces que desde ese momento intente decir algo, contar una pequeña historia, un fragmento al estilo Carver o Salinger, me encanta leer fragmentos de cosas, porque en el fondo todo es un fragmento. Suelo imaginar como seguirán las películas una vez terminadas, cómo los personajes siguen su vida.
Adoro los personajes secundarios, o terciarios, esos que hacen bolos o aparecen caminando por detrás de la escena. Siempre me pregunto si significará algo para esas personas haber estado ahí. Creo que todo lo que hago lo hago para traer una imagen nueva al mundo. Una cosa, sí, algo que no existía. Creo que hay algo de grito de desesperación en esto. Sólo estoy seguro de algo: en el arte todo depende de cómo se argumente, no hay nada más sincero ni más falso que una obra de arte… Me gustan las ocurrencias y creo que el arte conceptual es un poco eso. Dos o tres ideas desperdigadas que se unen y forman algo interesante. A veces pienso que la cabeza de un publicista funciona igual. Siempre pensando en el producto. Repito: no es algo que me desagrade, sino que es una fórmula que puede leerse linealmente, como una respuesta ocurrente, sin sobresaltos, probablemente la única diferencia entre una cabeza y otra sea la subjetividad del artista.
3. En relación a su obra y su posición en el campo artístico nacional e internacional, ¿en qué tradición se reconoce? ¿Cuáles serían sus referentes contemporáneos? ¿Qué artistas le interesan de las generaciones anteriores y posteriores?
Me reconozco en la tradición de la pintura figurativa, y por como influyó en mi obra, particularmente la de finales del siglo XIX, principios del XX; hay referentes inamovibles, que los veo y los veo y siento que no me van a defraudar nunca, de todos tomo algo e intento ensamblarlo, de Ensor como organiza los planos, como satura de rostros el cuadro, Goya (el Goya tardío, el único posible, sin esas obras habría sido un artista menor, uno del montón) los empastes oscuros, la voracidad con la que expresa las ideas, de Munch los personajes viniéndose encima del espectador, cómo con tan poco logra narrar la historia, de Otto Dix y Grosz la violencia del gesto, todo lo que comunican con esa violencia. Las líneas gruesas bien negras con las que Rouault remarca todo son hipnóticas, la contraparte es Hokusai y la limpieza de la línea, los colores apagados, los cortes en la perspectiva… pero tengo la impresión de que tirando así cualquier apasionado podría pasarse una vida. Para ver más de cerca: Neo Rauch, Alexa Horochowski, Cheri Samba, y mucha fotografía contemporánea. A nivel local Santoro es uno de mis pintores favoritos. Soy devoto de la obra de Matias Duville y de la de Nahuel Vecino. Algunos momentos de Prior (a partir de una serie suya realice “El turismo lo destruye todo”). Creo que la mayoría tenemos una parte de nuestra producción que es de cuarta e inevitablemente en su momento la defendemos, los que no la tienen es porque mueren jóvenes, o se retiran jóvenes, o son los que quedaran en la historia, esto lo digo porque con pocas obras soy incondicional, una de ellas es la obra de Nicanor Araoz. No deja de sorprenderme la naturalidad con la que la realiza y lo apasionado que se lo ve siempre con su trabajo, podría estar encerrado en un cuartucho de dos por dos como Henry Darger y seguiría creando genialidades. Hay artistas a los que quiero y admiro por la calidad de su obra, por su humildad y simpleza: Patricio Gil Flood, Santiago Iturralde, Estanislao Florido, Amadeo Azar, Karin Idelson, Adriana Minoliti, Marcelo Galindo, Ana Buffagni, Emiliano López, Daniel Basso, Walter Álvarez, Ariel Cusnir, Mauro Koliva.
4. Pensando en los últimos diez o quince años elija obras o muestras a su criterio fuertemente significativas de otros artistas de Argentina y explique por qué.
Voy a hablar de las que siempre recuerdo, algunas con cariño, otras porque hubo algo que se grabo en el cerebro y sale ante cualquier conversación, a colación de cualquier cosa, como las películas o libros que sirven como ejemplo en todo momento. Admiro mucho la obra de Juan Souto, un artista marplatense (nacido en mar de ajo) muy poco conocido por nuestros contemporáneos. Recuerdo una obra de él, “el santo” (o algo así) puso un santuario con un santo negro con su cara en el medio de la ruta y lo dejo ahí un año, cuando volvió, le habían prendido velas, dejado cartas, rezado. Otra de las de él, cuando pinto de rosa (sin permiso, se entiende) el ala de un avión militar que está emplazado como escultura en mar del plata. Me encantan las obras que resignifican otras obras, es algo que me gusta hacer en mi trabajo. Armar un mapa enorme de resignificaciones. Creo que por eso siempre recuerdo la primera muestra individual de Adrián Villar Rojas en Ruth Benzacar, fueron importantes para mí dos obras en particular; cuando borra todos los diálogos de un cómic y los cambia por una misma frase, todos los personajes diciendo todo el tiempo “creo que ya no te amo”. Esa obra me fascina. La otra, la serie de pinturas de dinosaurios que mando a pintar, le dijo a un artista (desconocido hasta ese momento, por lo que sé) que le pintara unos dinosaurios con unos meteoritos de fondo. Es importante, digo, porque lo significativo es el gesto. Y como se sabe los gestos difícilmente pueden repetirse sin quedar en evidencia. Lamothe sacando la vereda en Rosa Chancho, Daniela Luna y Bola de Lodo en el CCEBA, Cepillarse bien los dientes de Nicanor Araoz en Appetitte, la del remolino de Bianchi en Belleza y Felicidad, y la genial Jardines de Mayo en el edificio de La Prensa. Puedo recordar otras que me marcaron, pero que en el fondo, marcaron a una generación entera y no son mojones particulares, probablemente la muestra de Berni en el MNBA y la que le siguió en el Malba; así como la de De la Vega, sean realmente significativas… como esas bandas que incitan a un chico a formar su propia banda. Son esas experiencias que no se borran (en mi caso cuando vi a Otto Dix en el MNBA), y que lo llevan a uno a querer ser eso aunque sea un rato.
5. ¿Cuáles son los agrupamientos o tendencias que percibe en el arte argentino de los últimos diez o quince años a partir de elementos comunes?
Quizá en los últimos años se agruparon las posibles tendencias alrededor de los criterios de las galerías y de algunos curadores, cada cual con su propia identidad, pero es un argumento vulnerable y básico como decir que Boca representa la rusticidad o a los pobres y River el buen juego y a los millonarios. Me gustaría pensar que lo que determina una generación no queda supeditado estrictamente a participar de la Beca Kuitca; calculo entonces que lo mejor es agrupar por afinidades los pequeños mundos interiores, que están a la vista para quien se proponga rastrearlos.


